lunes

La verdadera verdad de la milanesa


He descubierto, gracias a la virtud del ocio, una verdad, que aunque revelada en forma de metáfora no deja de ser una máxima económica de una trascendencia extraordinaria, ya se encargarán otros de traducir esto a los gremios que sólo supieron ver en las matemáticas una forma de restar y sumar dinero, los contadores y los psicólogos de los contadores, los economistas. Contiene además, para los que puedan comprender y compartir la premisa mayor y a modo de bonus track, otra verdad que resultará asombrosa.
La manifestación indica que si la pobreza fuera la pelota dentro de un juego de flipper, habrá más pobreza donde ella golpee más veces y los espacios a donde nunca llegue serán los lugares en donde reine una abundancia extraordinaria y nosotros, pobres microbios debajo del vidrio que es nuestro cielo, de poco nos sirve intentar esquivar la gigantesca bola, sólo nos resta, en pos de la esperanza, imaginar que la domamos y así evitar el horror de saber que estamos regidos por el azar de una pelota ingobernable. Una vez comprendido este punto ya estaremos a un paso de entender una verdad teológica si se quiere: Dios es un pésimo jugador de flipper.