
La historia se repite indefinidamente, día tras día el sol brilla con indiferencia sobre los cuerpos que desean, al menos por momento, la inmortalidad, vivir eternamente por lo menos un día. La contradicciones de los hombres son infinitas, es lo único que lo salvará del completo anonimato del porvenir, cuando ya no queden estrellas y el cielo sólo sea una gigante noche indefinida, cuando el tiempo pase ignorado y vencido por lo eterno, cuando ya no hayan más batallas y la muerte se muera de inanición, cuando la vida sólo sea una metáfora y el fin del mundo sea tan pasado que ya no quede ni un fantasma que lo recuerde, el día, (que no será el primero ni el último porque el orden es un vano intento del hombre por controlar el tiempo), que falten los elementos fundamentales, las luces y sus sombras y vague solo flotando por el cosmos, cuando dios se aburra de mi funesta existencia, ese día, yo el inmortal de los mil nombres que creí competir con los cielos, por fin podré desaparecer y olvidar.