sábado

Gilgamesh El Inmortal I


Entró al sueño como a una casa transparente, tranquilo recorrió al principio aquel inescrutable lugar en donde ya había estado innumerables veces. Caminó con pasos tan firmes que pensó estar predestinado hace varios siglos a recorrer el trayecto silencioso y vacío que tenía por delante. El paisaje era desolado, un desierto con vivos colores y el cielo ocre adornado con nubes que daban acaso la única sensación de movimiento, es decir de tiempo.
Extrañamente pensó que estaba bajo el Imperio Babilónico bajo el reinado del gran Hammurabi e inmediatamente estuvo seguro de encontrarse en Egipto donde tres mil años después caminarían las tropas romanas seguidas de Napoleón. Pensó también que se trataba del Gólgota y contempló con envidia el poder de la muerte. Se convenció de estar en algún lugar de China o en la vieja Rhodesia. Cada lugar caía bajo las evidencias irrefutables del siguiente, recordó el sueño infinito de Pao Yu y comprendió que estaba hecho prisionero de un destino circular. Con lágrimas en los ojos advirtió que las emociones ya no le serían otorgadas, por toda la eternidad vagaría solitario por su sueño.
Esta es la historia de un hombre que sin encomendarse a Dios ni al Diablo jamás despertó.

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